La singularidad, una cualidad en peligro de extinción

¿Realmente somos tan diferentes al resto? ¿Las redes sociales han marcado el modelo de belleza actual?

En nuestra sociedad actual encontramos muchos tipos de homogenización, desde nuestro estilo de vida, la manera en la que nos relacionamos con los demás hasta nuestra forma de vestir. Al vivir en un mundo tan globalizado parece que la singularidad y la autenticidad poco a poco se diluyen como un terrón de azúcar en el interior de una taza de té caliente. En el sector de la moda, esta tendencia se manifiesta en la proliferación de marcas multinacionales que ofrecen productos homogéneos, baratos y efímeros. La moda se rige por la lógica del mercado, que busca satisfacer nuestros deseos como consumidores y sobre todo busca generar beneficios. En múltiples del día a día, la moda no es solo una expresión de la personalidad o la creatividad de uno mismo, sino una forma de adaptarse a las normas sociales y a las expectativas ajenas.

Podemos llegar a ser minions (los dibujos animados amarillos de la película Gru, mi villano favorito), un término que utilizo para referirme a un grupo de personas que lucen un aspecto tan similar que me cuesta diferenciarles entre sí. Esta realidad, la podemos ver de forma masiva en las redes sociales, con el estilo, los filtros, el photoshop, los tipos de cuerpos y cirugías estéticas «pulidas» de determinados perfiles, en la que prácticamente son fotocopias exactas. Estamos invadidos por los selfies, para Walter Benjamin, este tipo de imágenes en primer plano anulan el mundo que rodea al sujeto suprimiendo la expresividad. Es «reflejo de una sociedad que se ha convertido ella misma en una sociedad del primer plano». Esto puede llegar a crearnos la dependencia por cumplir con ciertos estereotipos dentro de los diferentes tipos de belleza , que continúan siendo muy limitados. Hay una obsesión por el ego y la auto-promoción, que se manifiesta en la necesidad de mostrar una apariencia perfecta y una vida idealizada. Los psicólogos han advertido que el culto al ego se ha convertido en un problema que va más allá de la ansiedad y la depresión, y que puede llevar a la dismorfia del selfie. Esta realidad ha llevado a someterse a operaciones a algunas personas para salir «perfectos» en las fotos. Los filtros de las redes sociales crean una ilusión de belleza que no se corresponde a la realidad de ninguna persona. La obsesión por el selfie ha llevado a una pérdida del mundo real y la autoestima. Es importante recordar que la verdadera belleza proviene de la autenticidad y la aceptación de uno mismo. En lugar de buscar la validación de las redes, debemos centrarnos en nuestras relaciones interpersonales y en el mundo que nos rodea.

Byung-Chul Han, el filósofo y autor surcoreano en La salvación de lo bello (2015) afirma que vivimos en una época dominada por el «imperio de lo igual». Frente a esta homogeneización, resiste a la uniformidad y a la banalización como fuentes de belleza y sentido, que genera una experiencia de asombro y admiración. Defiende el valor de lo diferente y lo singular, la estética de la verdad y de la libertad, una ética de lo bello que fundamenta en Aristóteles o en Hegel; y frente al consumo contemporáneo de lo nuevo, reclama la experiencia de lo bello como reminiscencia, como fidelidad y como vinculación que nos salva de la indiferencia y el conformismo. Examina cómo la belleza ha sido trivializada y relegada en la cultura actual, donde la eficiencia, la utilidad y la rentabilidad predominan sobre los valores estéticos.

El autor propone una recuperación de lo bello natural, que se basa en la negatividad, la distancia y la contemplación. A la belleza no se la encuentra en un contacto inmediato. Más bien acontece como reencuentro y reconocimiento. Lo complejo requiere tiempo y paciencia, por eso personalmente creo que la belleza se encuentra tras nuestras reflexiones personales.

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