¿Qué tienen en común Rosalía, la reina Victoria de Inglaterra y Madison Beer?
Descubrimos los guardapelos más célebres y recorremos la historia de esta pieza tan única.

Desde hace siglos, antes de que la joyería se convirtiera en un accesorio de moda o un símbolo de estatus, existieron piezas concebidas para custodiar algo profundamente personal: un recuerdo, una promesa, una presencia… El guardapelo pertenece a esa estirpe de joyas con alma. Pequeñas cajas articuladas, diseñadas para guardar mechones de cabello, retratos u otros objetos diminutos, se convirtieron en testigos silenciosos de emociones, vínculos y recuerdos que trascendían generaciones. Su valor no residía únicamente en el oro o las piedras preciosas, sino en aquello que protegían, convirtiéndolos encompañeros íntimos de la vida cotidiana, del amor y del duelo.
A lo largo de la historia,los guardapelos han acompañado a quienes buscaban conservar un lazo invisible con los que amaban. Desde la realeza hasta estrellas del cine y de la música, estas joyas han sido testigos mudos de historias de pasión, pérdida y memoria. La reina Victoria de Inglaterra llevó medallones con mechones de cabello de su esposo y de sus hijos, Jackie Kennedy, Elizabeth Taylor, Priscila Presley y la princesa Diana eligieron estas piezas como símbolos de afecto y recuerdo. También, la hermana pequeña de los Bridgerton y Sarah Jessica Parker como Carrie Bradshaw llevó un guardapelo vintage en Sexo en Nueva York.

Entre los guardapelos más famosos se encuentra el recuperado del Titanic —no el collar de diamante azul; «Corazón del Océano» de la película de James Cameron—, sino el de Virginia Estelle McDowell Clark, una pasajera de primera clase que sobrevivió al desastre, pero perdió a su esposo, Walter Miller Clark, esa fatídica noche de abril de 1912. La pareja viajaba en el Titanic de regreso a Estados Unidos tras una luna de miel tardía en Europa. Cuando el barco chocó contra el iceberg , Walter ayudó a Virginia a subir a un bote salvavidas. Aunque había espacio disponible, él decidió quedarse a bordo, siguiendo la norma de “mujeres y niños primero”, y murió en el hundimiento, sacrificándose para salvarla. Virginia sobrevivió, pero quedó marcada de por vida por la pérdida. Décadas más tarde, el guardapelo de oro de 18 quilates fue hallado dentro de un pequeño bolso recuperado del fondo del océano, junto con otros objetos personales. La joya se ha convertido en un símbolo de amor y sacrificio.

En la música contemporánea, artistas como Rosalía y Madison Beer rescatan el valor simbólico del guardapelo. En el videoclip de Berghain, uno de los temas principales de su álbum LUX, Rosalía sostiene un guardapelo dorado en forma de corazón con una piedra granate en el centro— se convierte en un elemento protagonista de su historia—. Mientras ella se fija en esta pieza podemos imaginar que es una forma de recordar a su amado o amada. Podemos apreciar que el guardapelo está dañado; una metáfora de cómo se encuentra su propio corazón. Luego podemos ver que Rosalía entra en una joyería, buscando que reparen su guardapelo “corazón”; allí, parece que le indican que no tiene arreglo. Sin embargo, en la escena final, con el paso del tiempo, su corazón parece sanar por sí mismo, dejando entrever que la recuperación puede ser un proceso interno y gradual.
Madison Beer también ha recurrido a la imagen del guardapelo como metáfora emocional. Tituló su último álbum Locket (Guardapelo), definiéndolo como una auténtica cápsula del tiempo donde conserva recuerdos y emociones difíciles de procesar. En una entrevista con Vogue, explicaba: “Siento que los guardapelos son muy delicados, hermosos y femeninos, y guardan cosas importantes: recuerdos, personas y lugares”. A través de esta imagen, Beer expresa la necesidad de preservar lo vivido sin quedarse estancada en el pasado. En la canción Locket Theme, lo deja claro al cantar sobre la ausencia, la nostalgia y el acto consciente de guardar recuerdos sin que estos definan su presente. El guardapelo se convierte en un espacio íntimo donde proteger lo que fue importante, al tiempo que se acepta la distancia, el cambio y la posibilidad de seguir adelante.
En la cultura popular, el guardapelo también ha sido resignificado como símbolo emocional. En el musical Annie, un guardapelo de plata en forma de corazón representa la esperanza de la protagonista de reencontrarse con sus padres y funciona como vínculo con su pasado. Aunque roto y vacío, se convierte en prueba de identidad y en motor de la historia, hasta que, al final, Annie acepta un nuevo guardapelo como símbolo de la unión, el amor y la pertenencia hallados en su nueva familia.
En la saga Harry Potter de J. K. Rowling, el guardapelo de Slytherin se convierte en un Horrocrux: un objeto que alberga un fragmento del alma de Voldemort y sostiene su falsa inmortalidad. Este relicario, de origen familiar, subvierte la función tradicionalmente sentimental del guardapelo para transformarlo en algo oscuro y peligroso, revelando cómo un objeto puede amplificar emociones, miedos y deseos reprimidos. Su destrucción a manos de Ron Weasley marca el fin de ese poder y devuelve a Voldemort su condición mortal. Así, el guardapelo transita del amor y la memoria a la corrupción y la ambición, sin perder su esencia como contenedor de lo invisible.
En Barbie en El Cascanueces (2001), el guardapelo de corazón funciona como un objeto mágico y simbólico: permite a Clara regresar a su tamaño normal y volver a casa, representando esperanza, hogar y conexión con su mundo real. A lo largo de la aventura simboliza coraje, sueños y vínculo emocional. Su magia se activa al final, subrayando la importancia de la valentía y la lealtad en su viaje.

En otra película de princesas; The Swan Princess (1994),el guardapelo dorado en forma de corazón con un cisne que Derek regala a Odette cuando son niños también funciona como un símbolo de amor, destino y conexión emocional. A lo largo de la película, ella lo conserva como recordatorio de su vínculo con él y de la promesa de reunirse algún día, reforzando su identidad y su sentido de pertenencia.
En 2001, Elle Woods —interpretada por Reese Witherspoon— en Legally Blonde viste alrededor de su cuello el icónico corazón de Tiffany & Co., el Return to Tiffany™ Heart —también lo lleva en la versión de pulsera y a modo de collarín a su chihuahua—. Aunque no forma parte de la trama central y se utiliza principalmente como elemento decorativo en los estilismos de la joven estudiante. No se trata de un guardapelo tradicional con compartimento interior, pero algunas ediciones especiales de Tiffany han explorado versiones de “heart locket” o con llave, evocando la idea de guardar algo querido y convirtiendo la joya en un símbolo de amor y conexión emocional. En Confessions of a Teenage Drama Queen (2004), Megan Fox también luce un collar Heart Tag de Tiffany & Co. como parte del vestuario de su personaje, Carla.

¿Tú también quieres un guardapelo para ti o para esa persona especial? 💖 San Valentín se acerca y en mi próximo artículo te contaré dónde encontrar los guardapelos más únicos elaborados con piezas vintage.
UNA HISTORIA ÍNTIMA: los guardapelos a través del tiempo
Los historiadores sitúan los orígenes del guardapelos en los amuletos prehistóricos, pequeños objetos colgados del cuerpo para protegerse y conectar con seres queridos o fuerzas espirituales. Durante la Edad Media, la tradición evolucionó hacia las joyas relicarias, que contenían fragmentos de hueso o cabello de santos. Estas piezas no solo eran objetos de fe, capaces de realizar milagros o proteger contra males, sino también símbolos de estatus y poder.
En el Renacimiento, los guardapelos comenzaron a asumir formas más sofisticadas. Se creaban pequeños colgantes que ocultaban retratos, telas perfumadas, amuletos o incluso veneno, reforzando la idea de joyas secretas y personales. La realeza y la nobleza adoptaron esta práctica: la reina Isabel I de Inglaterra llevaba un guardapelos con su retrato y el de su madre, y regalaba un guardapelo a cortesanos como signo de favor. Más adelante, los guardapelos se utilizaron para retratos miniatura, pintados por artistas como Nicholas Hilliard o Jean Petitot, sirviendo como regalos diplomáticos o recuerdos de amor y lealtad.

Con la Revolución Industrial , los guardapelos se adaptaron a los nuevos materiales y técnicas de fabricación. Surgieron piezas perfumadas, mecánicas o de menor costo, accesibles a un público más amplio, pero siempre con el mismo propósito: guardar recuerdos y emociones.

Durante los siglos XVIII y XIX, los guardapelos se popularizaron aún más, especialmente en la época victoriana, cuando se convirtieron en símbolos de luto, amor y memoria familiar. La reina Victoria llevó un guardapelo con mechones de cabello de sus hijos y de su esposo, inspirando a la sociedad a hacer lo mismo. Los medallones se llevaron alrededor del cuello, en pulseras, anillos, cinturones o cadenas de reloj, y se personalizaban con fotografías, iniciales, escudos o fragancias. También se convirtieron en herramientas sentimentales durante las guerras, cuando los soldados llevaban guardapelos para mantener viva la memoria del hogar.

En el siglo XX su diseño siguió las corrientes artísticas del momento, desde el Art Nouveau y el Art Déco hasta la fantasía de los años cincuenta y sesenta, demostrando que, incluso con los cambios de época y estilo, la esencia del guardapelo permanecía intacta: proteger lo íntimo, acompañar lo personal y mantener viva la memoria de quienes amamos.




